Introducción
Aunque
aparentemente, Ecuador no es un país racista, esta no es la realidad de este país,
cuando hay racismo incluso dentro de las mismas clases sociales del país, de
una manera muy minuciosa, el racismo se encuentra muy arraigado en la sociedad ecuatoriana,
enfrentando distintos problemas para estas personas discriminadas en su propia
tierra, como dificultades para acceder a empleos, justicia e incluso a algo que
todos deberíamos tener acceso como lo es la educación.
En Ecuador, estos temas de racismo son un tabú entre la
sociedad de la misma, Pese a la innegable fuerza de la discriminación racial no
existen trabajos ni discusiones académicas sobre el tema. Al no ser discutido,
adquiere características de normalidad. Además, para comprenderlo y superarlo se
tienen que conocer las experiencias y las propuestas de quienes lo sufren. A
diferencia de quienes han contrastado con el racismo estadounidense con la
experiencia latinoamericana para concluir que el racismo es ajeno a nuestra
realidad, Por lo tanto, los relatos de los indios de clase media son la base
para analizar cómo funciona el racismo y cuáles son las estrategias para
resistirlo y superarlo.
En el ensayo actual se estudian las experiencias microsociológicas
o interpersonales de discriminación racial en la vida cotidiana de los indios
de clase media y las personas afrodescendientes, las respuestas de estos antes
de las agresiones racistas y cómo se construyen las identidades raciales y
étnicas en el Ecuador actual.
En el Ecuador, como en
otras sociedades poscoloniales, los denominados “blancos” siguen siendo el grupo
dominante de la sociedad, desde una base “racial” y de color que se reproduce hacia
los otros grupos étnicos. Esta distancia, heredada del sistema de castas de
la época colonial, persiste como parte de la colinealidad del poder (Quijano
2014). Las narrativas étnicas de este grupo dominante, que detenta el poder político y
económico, se perciben como normales debido a que su carga de racismo es sutil o a
que se refleja directamente en la idiosincrasia ecuatoriana dominante (Roitman y Oviedo 2017). Así, el grupo
blanco hegemoniza y establece sentidos de homogeneidad sobre las visiones de su
identidad étnica a pesar de que estas sean difíciles de
alcanzar en un contexto de Estado nación que se ve confrontado por la diversidad,
por el cuestionamiento a la tradicional exotización que este grupo ha hecho de los
“otros”, y al estatus de “normalidad”. Aun así, la norma impuesta o normalizada por el
blanco desde la que se estudia a los otros grupos étnicos del Ecuador, tiene
vigencia no solo en la ejecución de política pública si no también en la actitud cotidiana,
en una suerte de ancla que impide el avance de procesos que buscan erradicar el
racismo y la discriminación. Con lo cual sutil o directamente siguen presentes
procesos discriminatorios que datan de la Colonia.
El segmento dominante blanco para garantizar su dominio sociopolítico ha desarrollado la narrativa del mestizaje. Esta narrativa no solo es asumida por los blancos.
Desarrollo
La nueva Constitución del
Ecuador (CRE 2008) fue un punto de partida
de diferentes leyes, códigos legales, regulaciones y políticas públicas. Sin
embargo, las políticas estatales dirigidas contra el racismo y la
discriminación comenzaron años antes. El informe
“Racismo y discriminación en Ecuador, 2004” es un estudio pionero de temas que no se percibían como
importantes en el contexto neoliberal. Fue el contexto
internacional el que animó a posicionar estos contenidos, especialmente la Tercera
Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas de intolerancia, celebrada
por las Organización de Naciones Unidas en Durban,
Sudáfrica, en el año 2004. Aquí se estableció un plan de acción que alienta al Gobierno
ecuatoriano a investigar el racismo y la discriminación (STFS 2005).
La Conferencia subrayó el
racismo y la discriminación que sufrían los africanos, por lo que el informe ecuatoriano centró su
atención en los afroecuatorianos, tanto en términos de
concepción como en los resultados de la investigación. Esta orientación sentó un precedente
importante, pues el proyecto inicia un estudio cuantitativo cuya
orientación y alcance son liderados por
afroecuatorianos. Además, constituye un punto
de ruptura en
la investigación académica
cuantitativa, tradicionalmente firmada
por la hegemonía
blanco- mestiza. Este trabajo es relevante por ser el punto de partida del
proyecto oficial “Sistema de Índices Sociales de los Pueblos
Afroecuatorianos”, una división específica dentro del Sistema de Índices Sociales del Ecuador
(SISE).Sin
embargo, fue la
Constitución del 2008
la que estableció
las bases para
el desarrollo de
las políticas más
importantes contra el
racismo y la
discriminación. El pilar principal es
la definición del Estado ecuatoriano como “intercultural, plurinacional y
laico” (CRE 2008, 9), es decir, un Estado que rechaza todas las formas de racismo y
discriminación. En tanto que
su carácter plurinacional
reconoce la diversidad entre los
ecuatorianos no solo en términos étnicos, sino que legitima su habitus (Roitman y Oviedo
2017). Su presencia como pueblos y nacionalidades que coexisten en Ecuador
contrasta con el proyecto de homogeneización de la élite de un Estado nación
mestizo dominado por los blancos (Oviedo 2004)
Los afro ecuatorianos
constituyen solamente el 7.2% de la población ecuatoriana. Sin embargo,
representan el 40% de los ecuatorianos que viven en condiciones de pobreza.
Ecuador debe implementar y hacer cumplir leyes y políticas que protejan sus
derechos y terminen con la discriminación, exclusión y extrema pobreza que
enfrentan.
Los
autores que analizan el racismo como una ideología sostienen que tanto los
blancos como los no blancos pueden ser racistas, basta que se suscriban a ideas
esencialistas sobre la superioridad y la inferioridad de los grupos raciales.
Para otros autores, el racismo no es sólo una ideología. El racismo es entendido
como una serie de prácticas sociales, actitudes e ideologías que en sociedades
en que dominan los blancos niegan a las personas de color la dignidad,
oportunidad y libertades que se brindan a los blancos. El racismo incluye
discursos y representaciones, sentimientos y prácticas que se ´´articulan en torno
a estigmas de la alteralidad. ´´ Para estos autores es importante diferenciar
los prejuicios raciales del racismo.
Los
prejuicios son las actitudes negativas y hostiles que se pueden sentir hacia un
grupo racial, un grupo étnico o un grupo sexual. Los prejuicios tienen
componentes cognoscitivos basados en generalizaciones falsas y una fuerte dosis
emocional negativa. Si bien, de acuerdo a este grupo de autores, tanto los
blancos como los no blancos pueden tener prejuicios, en sociedades
postcoloniales sólo los blancos tienen el poder para imponer un sistema basado
en la dominación y en la subyugación racial. En conclusión, a diferencia de
quienes reducen el racismo a una ideología y de quienes lo ven como una
aberración personal, entendemos al racismo como un componente clave de la
estructura: social y de las identidades de los actores sociales.
Además,
el racismo no es una desviación de la modernidad. El racismo es parte
constitutiva de los procesos de modernización capitalista. Si bien la xenofobia
existió con anterioridad a la creación del mercado capitalista mundial, los
primeros debates teológicos racistas se dieron como resultado del
"Descubrimiento de América." Con el tiempo los argumentos teológicos
fueron perdiendo tuerza. Con el Iluminismo la razón se convirtió en la única
fuente para explicar los fenómenos sociales y naturales. Las ciencias naturales
se utilizaron para definir diferentes razas en términos biológicos y genéticos.
Luego del nazismo los conceptos científicos de raza perdieron fuerza y validez.
Se "concluyó que no hay relaciones causales entre carac1eríticas físicas o
genéticas y características culturales. En la actualidad se recurre cada vez
más a argumentos culturales. En palabras de Etennie Balibar, se crea un
"racismo sin razas ... un racismo cuyo tema dominante no es la herencia
biológica, sino la irreductibilidad de las diferencias cul1urales."16 En
este caso la "cultura puede funcionar como una naturaleza, especialmente
como una forma de encerrar a priori a los individuos y a los grupos en una
genealogía, una determinación de origen inmutable e intangible."17 En
palabras de Paul Gilroy.
La
cultura es concebida bajo líneas étnicas absolutas, no como algo intrínsecamente
fluído, cambiante, inestable y dinámico; como una propiedad fija de los grupos
sociales en Jugar de un campo relacional en el que se encuentran y se viven
relaciones sociales e históricas. Cuando la ·cultura es puesta en contacto con
la raza se la transforma en una propiedad seudobiológica de la vida comunal. Por
lo tanto, el racismo es un fenómeno protéico que tiene muchas manifestaciones,
"no únicamente entre sociedades, sino que también dentro de ellas... No
hay racismo en general y por lo tanto no puede desarrollarse una teoría general
de las relaciones raciales."19 Los análisis sobre los racismos son siempre
específicos a coyunturas históricas y a sociedades particulares.
En
el Ecuador el concepto de raza fue ampliamente utilizado en los debates académicos
y políticos del siglo diecinueve y principios del veinte. En la actualidad, el
concepto de raza ha sido reemplazado por el de etnicidad. Este, como lo
anotamos anteriormente, se refiere a diferencias culturales y es utilizado por
los investigadores para describir y explicar los conflictos étnicos y las
identidades de los actores sociales. Tal vez la única excepción es Joseph
Casagrande que en su trabajo sobre los indios de la sierra usa el concepto de raza,
pero enfatizando que a diferencia de los Estados Unidos es una noción cultural
y social, más no física y biológica.
La
sustitución del concepto de raza por el de etnicidad tiene la ventaja de
demostrar que las diferencias entre grupos humanos son creadas culturalmente.
Se asume que los actores construyen sus entidades étnicas basándose en una
combinación de costumbres, creencias, nacionalidad y lenguaje en un fluido
continuo que va desde el indio al blanco. El papel del investigador que estudia
la etnicidad de los indios, por ejemplo, es identificar sociedades indígenas
que viven en una determinada región y que comparten características culturales
fijas como lenguaje, rituales, visión del mundo y organización social. Estos
análisis sobre la etnicidad india como lo anota Les Field, "incorporan un
esencialismo en el que los rasgos culturales o tradiciones constituyen la
'esencia' de ser indio y funcionan como coordenadas Cartesianas con las que el
grado de 'indianidad' de un grupo puede ser determinado por los científicos
sociales." Por lo tanto "la cultura" no escapa al esencialismo
de la noción de raza, pues se argumenta que ésta determina las cosmovisiones y
los comportamientos sociales.
El
poder de los blancos y de los mestizos que controlaban los recursos económicos
y el poder político permiten caracterizar al sistema de dominación étnico del
Ecuador hasta los años setenta como una dictadura étnica/racial. 33 esta noción
explica algunas de las características de la dominación étnica en la época en
que la hacienda tradicional fue la institución dominante. El primer censo
agrario ilustró que en los años cincuenta, cuando la mayoría de la población
serrana era rural (73.8%), las grandes haciendas monopolizaban más de tres
cuartas partes del área rural. La hacienda fue también un sistema
"político e ideológico de dominación que permitió a los, terratenientes
directamente, o a través de la mediación de curas y\ tenientes políticos
mestizos, monopolizar el poder a nivel local." Ademas, la mayoría de los
indios fueron excluidos de facto del sistema político debido a los requisitos
de alfabetismo para poder sufragar.
En
la actualidad se observa la presencia de una clase media indígena. Estos no
sólo han adquirido un relativo poder económico, las políticas educacionales de
los gobiernos civiles de la última etapa constitucional (1979-presente) también
los ayudó a consolidarse. En 1980 el gobierno de Roldós-Hurtado organizó un
programa de alfabetización en Quichua y otras lenguas indígenas. El gobierno de
Rodrigo Borja otorgó a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
(CONAIE) la responsabilidad de dirigir el programa de educación intercultural
bilingüe en las áreas indígenas del país. Además, la Iglesia y Organizaciones
No Gubernamentales implementan programas de desarrollo, salud, cooperación
tecnológica que a la vez que otorgan recursos a las comunidades indígenas, al
interpelarlos como indios generan y consolidan identidades indias.
El
retorno a la democracia señala un nuevo tipo de dominación política para los
indígenas. Estos por primera vez acceden en grandes grupos al voto y se
convierten en ciudadanos. De acuerdo a Rafael Quintero y Erika Silva el
electorado nacional se incrementó en un 23,3% y en las provincias con fuerte
presencia indígena y campesina en 45%42 Los votos indios cuentan en los juegos
electorales y se abren posibilidades para sus luchas por la ciudadanía plena.
Los indígenas que han tenido la oportunidad de educarse y que se han politizado
como presentes de sus comunidades se van convirtiendo en lideres indígenas. Los
indios a partir de los años setenta se auto representan a través de su
intelectualidad y de sus organizaciones autónomas de las izquierdas y de las
iglesias. Demandan en su vivir cotidiano, y a través de sus organizaciones, la
democratización de las relaciones étnicas en el país.
A
diferencia del pasado, los indígenas de clase media tienen los recursos
económicos y el capital cultural para circular en espacios antes restringidos a
los blanco y a los mestizos. Los indígenas ingresan a colegios
predominantemente mestizos y a las universidades. Tienen el poder necesario
para solicitar préstamos bancarios y renegociar sus vínculos económicos con los
blancos y los mestizos. Además, cuentan con el dinero para acceder a lugares de
diversión antes reservados a los blancos y mestizos. La presencia de los
indígenas de clase media en espacios públicos antes restringidos obliga a
blancos y mestizos a reevaluar sus identidades. Estos sectores dominantes
sufren una crisis de identidad al ver que sus estereotipos y fantasías racistas
sobre el indio oprimido, pobre y sumiso ya no corresponde a la realidad. Las
identidades raciales y étnicas de los indios, así como de los blancos y de los
mestizos. son cuestionadas, dejan de aparecer como naturales, estables y fijas.
Al discutirse la naturalidad de las identidades. se abre la posibilidad de su
rearticulación democrática. La pregunta política interesante es: ¿cómo se
articularán estas nuevas identidades que están en crisis? ¿En qué medida los
sectores dominantes estarán dispuestos a revaluar su supuesta superioridad y
aceptar a los indios como iguales y diferentes? Existe el peligro de que, al
igual que en otros países donde las identidades raciales están en crisis, ésta
encuentre expresiones políticas reaccionarias que nieguen / la posibilidad de
la democratización étnico-racial.
Los
indígenas de clase media no sólo obligan a replantear las nociones dominantes
de diferencia, igualdad, superioridad e inferioridad. Estos a través de sus
organizaciones están demandando cambios profundos en las estructuras socioeconómicas
basadas en las desigualdades raciales y étnicas. Las alianzas políticas que
logren construir influirán en la resolución de estas demandas que apuntan a una
distribución de los beneficios sociales para que se democraticen las
estructuras de poder de la sociedad. Sin la democratización de las estructuras
sociales racializadas es imposible pensar en una reestructuración real de la
sociedad ecuatoriana.
Este
estudio se concentra en los cambios que la presencia de los indios de clase
media demanda en la vida cotidiana. "Retomando la tradición fenomenológica
de Husserl y Schutz [se] invierte el enfoque para plantear la vivencia
subjetiva de las condiciones estructurales como una línea de reflexión sobre la
sociedad."47 Si bien no se analizan las estructuras socioeconómicas que
garantizan la dominación étnica, se parte de la premisa que la democratización
de estas tiene que ir de la mano con la de las relaciones cotidianas. Además,
este libro no se concentra en los actos de acción colectiva. No sólo existe una
buena literatura al respecto, sino que es importante estudiar cómo se articulan
la dominación y la resistencia en la vida cotidiana.
Conclusión
Un estudio sobre el racismo debe concluir con
recomendaciones prácticas de qué hacer ante este problema. Con este objetivo.
al finalizar las entrevistas preguntamos a nuestros entrevistados: ¿qué
soluciones proponen para erradicar el racismo del Ecuador? Las propuestas de
los indios de clase media son importantes para empezar una discusión de cómo
solucionar este problema. Nuestros entrevistados tienen una posición social
privilegiada para explicar cómo funcionan los diferentes mecanismos de
exclusión étnica y racial, así como para imaginar posibles alternativas de
solución. A diferencia de los blancos y de los mestizos que no viven
experiencias racistas en lo cotidiano y que se pueden dar el lujo de negar la
seriedad de este fenómeno social, los indios de clase media no sólo elaboran
estrategias para vivir en una sociedad que los discrimina, sino que también
articulan propuestas de cómo eliminar el racismo.
El
principal elemento que debería existir en la sociedad es un reconocimiento de
que existe la discriminación racial... El Estado nuestro es hipócrita porque no
reconoce que existe en la práctica cotidiana la discriminación racial, el
racismo, no solamente hacia los indígenas sino hacia los negros. Entonces esa
es una necesidad que para poder enfrentar y solucionar los problemas que se dan
del racismo. Es necesario reconocer primero que existe ese problema y el Estado
debería reconocer que existe esa discriminación. Deberíamos reconocer la
sociedad misma en su conjunto de que existe ese problema de discriminación
racial. Eso quiere decir que. empezaríamos por darnos cuenta de que somos un
país en el cual la mayoría tenemos una profunda raíz indígena y negra. De esa
raíz es de donde se va constituyendo la identidad nacional ecuatoriana es eso
lo que finalmente da sentido a nuestra identidad. Si es que no existe una
aceptación del Estado, de la sociedad, de la existencia de este problema, no es
posible solucionar nada. Este debe ser el primer paso. El segundo: debe haber
la voluntad política del Estado, la voluntad social de enfrentar este problema
y de solucionarlo. Esto es fundamental porque el momento en que descubrimos que
ese problema hace mucho daño a la identidad nacional. Está haciendo daño a la
identidad de los individuos que vivimos aquí.
El
reconocimiento de la existencia del racismo y de sus costos para todos los
ecuatorianos, ayudará a superar el trauma colonial. En el Ecuador se deben
destruir las imágenes y prácticas que sobrevaloran a lo blanco-occidental. Se
tiene que cuestionar las nociones de la supremacía blanca. Vivir en una
sociedad basada en ideales euros centristas inalcanzables para la mayoría de la
población causa muchos daños. A diferencia de visiones reduccionistas del
conflicto racial como una lucha por el poder suma-cero en la que si un grupo
gana el otro pierde, se debe reconocer que nadie gana con el racismo. Las
víctimas de este no son los únicos perdedores, las castas dominantes también se
ven negativamente afectadas. Sólo si se reinventan las identidades raciales y
étnicas de manera democrática y no jerárquica se puede pensar en un Ecuador en
el que los blancos y los mestizos no excluyan al "Otro" y se acepten
a sí mismos. Como lo demandan las organizaciones indígenas, el Ecuador debe
reconstruirse como sociedad multinacional y pluricultural donde los derechos de
los sujetos neocoloniales sean reconocidos y se reinventen identidades
nacionales que superen las nociones de la supremacía blanca.
El
camino hacia la democratización racial del Ecuador es largo. Este estudio ha
ilustrado el valor y el coraje de los indígenas al superarse como individuos y
como grupo en una sociedad que los discrimina. La presencia de la clase media
indígena y de la intelectualidad india da cuenta de la tenacidad de éstos para
sobresalir bajo condiciones sociales muy adversas. Las organizaciones
indígenas, además demandan el fin del racismo institucional. Se cuestiona su
exclusión económica, social y política. Estas luchas por la democratización y
el acceso a la ciudadanía plena lograrán el objetivo de construir un Ecuador
diferente. Por supuesto que es imposible predecir los resultados de estas luchas.
Este trabajo pretende contribuir a estos objetivos, demostrando los costos para
todos los ecuatorianos de vivir en una sociedad construida bajo valores y
prácticas de una supuesta supremacía blanca. Se ha cuestionado la neutralidad
de los valores que denigran al indio y sobrevaloran lo blanco-occidental. Se ha
empezado a deconstruir y a problematizar las categorías blanco y mestizo,
señalando los costos sociales, psíquicos y emocionales por tratar de construir
una nación que reproduzca los valores de la supremacía blanca. En la búsqueda
de una sociedad democrática, que reconozca y asuma la diversidad étnica y
racial del Ecuador, es preciso transgredir los actos cotidianos racistas,
dejando de ser espectadores del racismo. Además, los blancos y los mestizos debemos
estar dispuestos a abandonar los privilegios de casta que nos brinda nuestra
herencia étnico-racial.
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étnicos, también la
asumen los mestizos, quienes desde su condición económica y social la adoptan
para defender sus intereses y preservar su capital étnico (Roitman y Oviedo 2017). Los
mestizos pertenecientes a las clases socioeconómicas más bajas, los indígenas y los
afroecuatorianos no son beneficiarios de ese discurso y forman parte de esos puntos ciegos
que desde la intersección clase y etnia los desplaza de las políticas sociales. Tomando
como punto de partida las interacciones “clase-etnia”, este estudio busca conocer las
interpretaciones que tienen los afroecuatorianos acerca de la política pública implementada
con el fin de combatir el racismo y discriminación y se apoya en las orientaciones
teóricas proporcionadas por la colonialidad del poder (Quijano 2014) y la identidad
vinculada a la autoadscripción (Barth 1969).





